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25 de enero de 2011

Hoy te escribo desde el silencio del inmenso vacío que yo siento sin tí . .

Mi vida, al igual que la del resto de las personas, es como un tren en una estación. La gente entra y sale sin parar, pero hay gente que se queda dentro por siempre. Esa gente que permanece esperando a que llegue su tren. O simplemente gente que se baja de un tren para subirse a otro.
Un 7 de enero, alguien muy importante se bajó de mi tren y se subió en otro. Eso sí, dijo adiós al salir. Fue una despedida dolorosa por dentro pero aparentemente feliz por fuera. En ese mismo instante, mi tren se quedó parado en la estación, sin fuerzas para seguir. La gente siguió entrando, pero cada vez salía menos, día a día se iba colapsando el paso entre los vagones, pero.. Por muy lleno que estubiera, lo notaba un tanto vacío. ¿Que pasaba? Simplemente que me faltabas tú. Pero sé que no tardará en llenarse de nuevo este tren. Tengo que aprender a vivir son cosas importantes, pero no quiero. Ni quiero ni puedo olvidar el pasado. Ni quiero ni puedo vivir un presente olvidando. Ni quiero ni puedo vivir un futuro sin tí. Cuando mi tren se vuelva a poner en marcha, espero no tener que decirte adiós por la ventanilla, eso me dolería.

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