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12 de marzo de 2011

Lo único predecible es que la vida es impredecible.

Vete, no vuelvas, no de esta manera, no haciéndome tanto daño. No quiero, no más miradas preciosas, no más sonrisas acogedoras, por favor. Llega un punto en el que tengo que suplicarlo, se me hace muy difícil pero es que no quiero tener esa piel cerca, ese perfecto tono que traería loco a varios pintores para elaborarlo, no pienses que con una broma cariñosa ya estaré en tus brazos. Sigo contando margaritas, sigo arrancando sus pétalos, uno a uno, sonrío ante el mundo y me río del destino, sigo luchando y pensando en que algún día estaré entre tus brazos, siendo felices, los dos, pero no. Me tragaré el sabor amargo de la realidad, secaré las lágrimas que en un momento derramé e intentaré no pensar tanto en el único y triste momento que realmente estuvimos cerca el uno del otro, porque se me destroza el corazón en pequeños pedazos de cristal solo con pensarlo. Sigamos, como si nada sucediese, pongámonos una máscara y finjamos que aquí no pasó nada y somos felices. Será lo mejor. Duerme con la conciencia tranquila, tú no has hecho nada, son los sentimientos, hoy navegan en mi contra.

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