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7 de marzo de 2012

El vagón

Llegué a aquel anden, en el que tantas veces había estado, pero esta vez era diferente. Quedaban 2 minutos para que el metro llegara. El andén estaba lleno de personas diferentes. A pocos metros de mí, había un chico, joven, de unos treinta años, por su tono de piel parecía marroquí, llevaba un carrito de la compra. A su derecha se encontraba el mítico grupito de marujas, a lo suyo, que es marujear. Al otro lado, había un señor, leyendo un periódico, junto a él, una joven, guapísima, con un precioso vestido azul marino, que hacía juego con el rojo oscuro de sus labios. 



Llegó el tren, y me subí sin saber que aquel viaje cambiaría mi vida. Cogí mi móvil y empecé a teclear un mensaje a una amiga diciéndole que llegaría tarde, ya que había quedado con ella en quince minutos y mi viaje duraba cuarenta. El vagón en el que me monté estaba casi vacío. Solo había un chico adentrado en su mundo al principio del vagón escuchando música al volumen en el que una persona habla, total, que oía su música desde mi sitio que estaba en la otra punta del vagón. Me senté al lado de una mujer, ya mayor, de unos setenta años. Su pelo era blanco, recogido en un pequeño moño, sus ojos azules, con un brillo especial, como de esperanza. La mujer tenía la mirada perdida, y sus labios parecían susurrar palabras. Una de sus arrugadas manos me tocó, y empezó a hablarme:



- ¿Sabes? Yo de joven era como tú. - esa mujer sabía más de mí de lo que yo pensaba- Yo también era alegre, charlatana, impuntual y sonreía incondicionalmente, pero ahora...


+ ¿Ahora qué?- Sentí la necesidad de interrumpir su voz temblorosa, realmente no sé por qué.


- Pues ahora ya no sonrío, tampoco soy alegre y apenas hablo, llego a tiempo a todas partes... ¿Sabes por qué?


+ ¿Por qué?


- Porque con el tiempo te vas dando cuenta de que la vida no esta hecha para disfrutarla, a medida que pasan los años te hacen mucho daño, y acabas llorando muchas veces, y cuando te enamoras... Oh, ese gran error que comete tanta gente... Cuando te enamoras, todo es perfecto, hasta que llega ese momento en el que esa llama, esa llamita que permanecía en vosotros se apaga. Entonces lloras, y eso es lo que hace que dejes de sonreír. Porque la historia se repite millones de veces...


+ ¿Y quién ha dicho que no haya alguien hecho a nuestra medida? Si tú lloraste y dejaste de sonreír tal vez sea porque te diste por vencida, porque allá donde quiera que mires, hay millones de hombres, algunos mejores, otros peores, pero solo hay uno hecho a la medida de una sola mujer o de un solo hombre. Posiblemente tú te rendiste antes de tiempo, y ahora, solo puedes lamentarte por ello, pero atiende, nunca es tarde. - No sé como, pero parecía que esta vez quien daba las lecciones era yo.


- Y tú qué, ¿Has encontrado ya a esa persona?


+ No, pero tampoco me he dado por vencida, tarde o temprano aparecerá, pero mejor tarde que nunca. Mientras tanto, trataré de reír, de besar lentamente y abrazar fuertemente, de mirar intensamente y conseguir vivir la vida hasta que encuentre a esa persona que sea la pieza que faltaba en mi puzzle, pero por nada del mundo, perderé el tiempo. 


Los ojos de aquella mujer brillaron con tal intensidad que parecía que lloraría, pero no fue así. Me besó la frente y me dio las gracias mientras se disponía a levantarse para bajarse en la siguiente estación, a la cual tan solo tardaríamos un par de minutos en llegar. Antes de aproximarse a la puerta para desaparecer de mi vida para siempre, añadió:


- Te acabas de dar una lección a ti misma, pero quiere a ese chico con el que estás ahora, él también te quiere por muy poco que te lo demuestre, y sabes que tú le quieres más que a nada en este mundo. Suerte en tu camino, pequeña.


Ahí, en ese mismo instante, mis ojos se empaparon en lágrimas, y cuando me disponía a levantarme y abrazar a la señora, ella se perdió entre la multitud de gente que llenaba aquel andén y que seguidamente llenó aquel vagón que, para mí, antes de que llegaran todas esas personas, ya estaba lleno de sentimientos.

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